Nunca se pudo soñar una participación tan sublime en la vida divina. Este es el gran triunfo que Cristo Resucitado nos ha alcanzado y nos ha regalado lleno de amor y compasión.

Con qué alegría la Santa Madre Iglesia nos llama a todos sus hijos para saturarnos de vida eterna ya aquí en la tierra y hacernos criaturas nuevas capaces de vivir tan de Dios que “todos seamos uno; como Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.

Más no puede darse.

 

“¡Bienvenido sea el Hombre al Seno del Padre!”

 

¡Qué sábado de triunfo tan glorioso!, en el cual el alma del Unigénito de Dios, que al mismo tiempo es el Hijo del Hombre, abre por el fruto de su Redención los portones suntuosos de la Eternidad, cerrados desde el Paraíso terrenal por el pecado en rebelión de nuestros Primeros Padres; y se alzan las antiguas compuertas ante el paso impetuoso de irresistible poderío del alma del Unigénito de Dios inmolado, en triunfo de gloria.

Mientras que un jubiloso himno de alabanza resuena por los ámbitos del cielo y hasta los últimos confines de la tierra:

Oyéndose en las alturas de los ámbitos anchurosos de la Eternidad como un himno de triunfo: ¡Bienvenido sea el Hombre que ha abierto con sus cinco llagas el Seno del Padre!

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito: “BIENVENIDO SEA EL HOMBRE AL SENO DEL PADRE” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 11)

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Dios mío, hay distancia infinita entre tu Ser y mi ser, entre tu divinidad y mi pequeñez… Distancia de naturaleza, sí, pero en la unión estrechísima del amor del Espíritu Santo. (11-10-74)
Soy Iglesia y, por eso, todo cuanto Dios es en su seerse eterno, yo lo disfruto, participando de su felicidad, bajo el impulso amoroso del Espíritu Santo. (14-9-74)
¡Qué gozo! ¡Mi alma, por ser Iglesia, vive, por participación, la misma vida de Dios, conociendo, expresando y amando con Él su mismo Ser infinito en Trinidad de Personas! (25-5-59)
Cuando estás en gracia, en cualquier momento, circunstancia y ocasión en que te encuentres, la Trinidad te está besando con un Beso amoroso e infinito, tan divinamente, que te está haciendo Dios por participación. (28-4-61)
El alma, como es libre, al conocer a Dios se adhiere a Él según Éste es; y como es tres personas, se une a las tres, pasando a vivir, por participación, con ellas, de su misma actividad; contemplando con el Padre, expresando con el Verbo, y amando con y en el Amor infinito del mismo Espíritu Santo. (9-1-65)
Escucha, alma querida, que el Padre te está diciendo su infinita Palabra en el amor del Espíritu Santo, hoy, en el centro de tu alma, solamente para ti; y te la deletrea según tu capacidad y actuación para que, haciéndote conforme a ese decir amoroso, te hagas Trinidad por participación. (15-10-63)
¡Silencio, adoración…!, que en este instante-instante de terribilidad de ser, de amor, de Eternidad… está siéndose Dios en su serse la Familia Divina y se está besando con la boca buena del Espíritu Santo y, al besarse, mi alma pequeñina se siente besada, querida, mimada y ahondada en ese sacro misterio del serse del Ser. Y allí, en el silencio de la virginidad intocable, temblando de amor, atónita, sorprende a la Virginidad fecunda engendrando a la Figura de su sustancia, en el ocultamiento velado del beso del Espíritu Santo; beso que mi alma posee y tiene por participación para besar a Dios. (21-5-61)
Ante el contacto divino de tu eterno besar, toda mi alma se siente en ti, ¡oh mi Amor trinitario!, beso de divinidad. (28-4-61)
Mientras más te conozco y me ahondo en tu misterio, más aumenta mi necesidad de ser toda yo, en tu seno, tu Beso infinito por participación. (28-4-61)
Alma-Iglesia, cualquiera que seas, lánzate a la búsqueda del Infinito Ser, donde encontrarás la pletórica riqueza que llenará toda tu apetencia de posesión. Pero deja todo eso que, interponiéndose en tu caminar hacia el encuentro con Dios, te impide saber –de saborear– el gozo infinito de la Familia Divina en su sabrosa perfección.
(14-9-74)