Ni la más aguda de las genialidades poéticas sería capaz de descubrir – como hace la Madre Trinidad en estos pensamientos – tras el misterio de Pentecostés que nos disponemos a vivir, ese idilio amoroso entre el Espíritu Santo y su Esposa, la Iglesia.

Sólo con la misma Mirada del Padre se puede penetrar así en el Misterio. Sólo con la misma Canción del Verbo se puede cantar con tal belleza y profundidad. Y sólo con “el ímpetu amoroso de la corriente avasalladora” del Espíritu Santo se puede arrastrar el alma de quien lee estos textos hasta tal grado de conocimiento y disfrute de estas realidades.

Y esta luz deslumbrante, llena de alimento espiritual, ¡es para ti! Dios te la da por ser hijo de la Iglesia. ¡Aprovéchala!

 

¡Día de Pentecostés…! En él, las tres divinas Personas, abalanzándose en el ímpetu amoroso de su corriente avasalladora sobre su Iglesia naciente, la besan, ennoblecen, embellecen y fecundizan tan divinamente que, la que antes era miedosa y sin ciencia divina, hoy, por la invasión de lo alto, se encuentra llena de sabiduría y fuerte como «ejército en orden de batalla», al contacto del beso infinito y virgíneo del Espíritu Santo. (21-5-61)

Desde toda la Eternidad, está el Espíritu Santo abrasado en ansias infinitas de abalanzarse sobre su Iglesia virgen, para fecundizarla con su fuego de amor. (21-5-61)

  

          El día de Pentecostés la Iglesia ha sido como una esposa virgen, que, al contacto amoroso del beso del Espíritu Santo, se fecundizó tan plenamente en sus entrañas virginales, que quedó por la invasión divina, Virgen-Madre de todas las almas. (21-5-61)

          Pentecostés… día de silencio, de oración, de espera y, como fruto de efusión, de abrazo entre Amado y amada. Amor, ¡qué hermosa has hecho a tu esposa la Iglesia por el ímpetu amoroso de tu beso divino! (21-5-61)

El Espíritu Santo desciende sobre el Cenáculo para derramarse en los Apóstoles como Fuego de luz y amor… y todos, embriagados en su caridad infinita, revientan en explicación cantora de la vida divina que Cristo nos trajo desde el seno de María, para que ellos, a través de su sacerdocio, lo comunicaran a todas las almas. (21-5-61)

En el día de Pentecostés, el Espíritu Infinito iluminó las mentes oscurecidas y conturbadas de los Apóstoles, tan pletóricamente, que éstos rompieron en sabiduría sabrosa de explicación comunicativa, en luz y amor de ciencia divina. (14-10-74)

El vivir de los primeros cristianos era seguir el impulso del Espíritu Santo, bajo el cobijo y orientación de los Apóstoles; y éstos ya sabían bien lo que tenían que hacer y decir; conocían saboreablemente al Espíritu de Dios porque vivían en el contacto familiar e íntimo de su cercanía. (21-5-76)

          ¡Cómo experimento que el alma que vive de Dios, en recepción de respuesta amorosa, puede decir con los Apóstoles: «El Espíritu Santo y nosotros hemos determinado….»! (25-4-78)

          ¡Qué saboreablemente comprendo con la penetración de mi pobrecito entender, en sapiencia profunda, que el Espíritu Santo sea el alma de la Iglesia, por la experiencia que, en la médula de mi ser, vivo, al ser impulsada, movida, enseñada, abrasada y fortalecida por el mismo Espíritu Infinito! (25-4-78)

          Los dones del Espíritu Santo son maneras por las que Dios se comunica al alma, infundiéndole la luz de sus misterios en sabiduría que rompe en fortaleza, e impregnándola en el gozo pacífico del don recibido. (27-10-75)

          La palabra que sale de la boca de Dios no vuelve a Él de vacío, porque el Espíritu la hace fructificar en frutos de vida eterna. (25-4-78)

          Cuando la palabra del Padre es pronunciada en mi alma en voluntad infinita de que yo rompa en canción, es el Espíritu Santo el que rebulle en mi pecho abriéndome para recibir la donación del Eterno y haciéndome romper, en el amor de sus fuegos, en canción de Iglesia viva a los hombres. (25-4-78)

          En la historia de la humanidad tres predilecciones tiene Dios: su Pueblo escogido, su Iglesia santa y el alma esposa; y a las tres las corona el amor del Espíritu Santo con la infusión divina de su luz y su fuego. (26-6-61)

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia