Nuestra existencia es una lucha sorda e inadvertida entre la voluntad de Dios, divina y necesaria como el respirar, y nuestra voluntad, humana y herida en su misma raíz. No sin razón el Apóstol nos invita a “dejarnos reconciliar con Dios” pues con Él insensatamente estamos en conflicto.

Cumplir la voluntad de Dios es encontrarle. Y vivirle. Y poseerle.

 

 

         La naturaleza humana de Jesús fue asumida por su persona divina, por lo cual, su voluntad humana quedó tan adherida a la voluntad de Dios, que fue como robada por ésta, haciéndola querer sólo según el pensamiento divino; así fue Jesús, por ser el mismo Hijo de Dios. Nosotros hemos sido creados para participarle y ser hijos en el Hijo; por lo tanto, nuestra voluntad ha de procurar unirse a Él, no robada por unión hipostática, sino por adhesión voluntaria ante la contemplación del Bien eterno. (9-1-65)

         La santidad no está en hacer grandes cosas, sino en hacer lo que tenemos que hacer con la máxima perfección, dentro de una gran sencillez, alegría y amor. (13-1-70)

         Busca la voluntad divina y te encontrarás con Dios en luz o en sequedad. Donde está el cumplimiento de sus planes, está el Amor. (12-4-67)

        El camino que Dios te marca o las circunstancias en que te pone, son los mejores para ti y, a veces, por tú no verlo, no te abrazas a ellos y te apartas de la divina voluntad. (7-4-67)

        La perfección consiste en abrazarte, por amor, a la voluntad de Dios, fuere ésta la que fuere y como fuere. (12-4-67)

        Quien se entrega a medias, a medias vive, a medias goza y a medias se santifica, y tiene siempre un no sé qué de tristeza y melancolía, que difícilmente le hará disfrutar de la paz que necesita y que las almas entregadas encuentran en el abrazo de la voluntad divina. (10-9-63)

         La santidad no está en hacer grandes cosas, sino en dejar hacer al Santificador divino en ti su obra de amor. (12-11-63)

         Dios sólo me pide que sea lo que Él quiere, en mi modo sencillo, según su querer. (18-8-73)

         Cuanto más simplifico mi vida, tanto más vivo según Dios. Por eso, sólo deseo amar en adhesión total a su voluntad. (19-12-66)

         Mi camino lo ha de marcar siempre tu querer; por lo que el sendero por donde me lleve tu amor, es lo mejor para mí. (8-3-67)

 

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, tomados del Libro “Frutos de oración”