El comienzo de La Obra de La Iglesia

¿Qué es La Obra de la Iglesia?

«¡Hazme La Obra de la Iglesia! Con todo cuanto te he dado, ya sabes lo que tienes que hacer».

Una petición clara: «¡Hazme La Obra de la Iglesia!». Pero también el modo en que tendría que llevarla a cabo: «con todo cuanto te he dado»; ya que esta es la esencia y la riqueza de esta Obra. 

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Ese «todo cuanto te he dado» son las comunicaciones de Dios a la Madre Trinidad a lo largo de los años. En el alma de la Madre Dios ha ido depositando, como en un cofre precioso, misterios de luz y sabiduría: El misterio de la vida trinitaria, el misterio de la creación y redención de los hombres, el misterio escondido en el alma de Cristo, el portento de la gracia que es María, el misterio de la Iglesia en su doble realidad divina y humana…, etc. Todo un tesoro de teología, doctrina católica y vida sobrenatural.

Pero, al mismo tiempo que le iba dando a la Madre Trinidad el conocimiento de estos misterios, Dios le hacía comprender que todo esto se lo daba, no por ser un alma especial, sino por ser hija de la Iglesia, y que esta Santa Madre contenía en su seno todo ese tesoro que Dios le estaba haciendo vivir.Todo lo que Dios hizo conocer y vivir tan fuertemente a la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, ella no lo guardó en silencio. Dios mismo puso en su alma desde el principio una conciencia clarísima de que todo lo que estaba recibiendo era para llevarlo a todos. Y así, impulsada por el Amor de Dios, se abrasó en necesidad de cantar a todos los hombres el tesoro de luz y de vida que encierra la Santa Madre Iglesia, ayudando a despertar la vida de fe, la vida cristiana y el amor a la Iglesia.

¿Cuál es su misión? 

Esta es, pues, la misión de La Obra de la Iglesia: «vivir y manifestar». Vivir junto a la Madre Trinidad los misterios que la Iglesia contiene y manifestarlos en sabiduría y amor a todos los hijos de Dios. 

Para ello, La Obra de la Iglesia cuenta con una valiosísima ayuda: las más de 1000 charlas que la Madre Trinidad ha grabado y sus numerosos escritos, en los que ella misma comunica, con lenguaje sencillo y profundo, los misterios que Dios ha puesto en su alma. Así, misterios tan grandes como el de la Familia Divina, la Encarnación, la Eucaristía o la Santísima Trinidad se hacen cercanos, sencillos y atractivos, alimentando la vida espiritual cristiana de quienes los reciben. 

Al escuchar a la Madre Trinidad, surge a su lado una legión de almas que, «siguiendo al Cordero adondequiera que vaya», se consagran totalmente a Dios, teniendo como quehacer primero y más importante vivir en profundidad el misterio de la Iglesia y darlo a conocer a los hombres, para que todos se llenen de Vida. A esta legión también pertenecen toda clase de personas: hombres y mujeres, ancianos y niños, sacerdotes y seglares que, cada uno según su propio estado, quieran vivir profundamente su vida cristiana, siendo ante el mundo testigos vivos de lo que es ser Iglesia. Así, cada vocación, cada estado y cada camino particular encuentran su lugar en esta misión común de evangelización cristiana.

La Madre Trinidad: una vida, una misión, una vocación, que solamente Dios conoce en su profundidad y trascendencia.

La Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia con un grupo de peregrinos ante Juan XXIII el 18 de julio de 1959; ya que no le fue concedido hablar privadamente con él, único fin para el cual, superando incontables y penosas dificultades, fue a Roma.

Aprobación eclesial 

La Madre Trinidad con el Obispo de La Obra de la Iglesia, Don Laureano Castán Lacoma, el Cardenal Ugo Poletti, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, el Obispo Auxiliar monseñor Remigio Ragonesi y un grupo de consagrados de La Obra de la Iglesia, con su Santidad el Papa san Juan Pablo II. (18-01-1981).

La Obra de la Iglesia fue fundada por la Madre Trinidad Sánchez Moreno el 18 de marzo de 1959, y erigida en Pía Unión por el Arzobispo de Madrid D. Casimiro Morcillo González el 8 de diciembre de 1967.

El 29 de junio de 1990, el Cardenal Arzobispo de la misma Archidiócesis D. Ángel Suquía Goicoechea, previa autorización de la Sede Apostólica, reconoció los elementos de vida consagrada que están en la base de La Obra de la Iglesia y aprobó las Constituciones, haciendo uso por primera vez del canon 605 del Código de Derecho Canónico.

Finalmente, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, en un decreto firmado el 20 de diciembre de 1997, aprobó La Obra de la Iglesia declarándola de derecho pontificio. No se la ha querido enmarcar en ninguna de las formas canónicas de los Institutos de vida consagrada, dada su singularidad. Pero sí se le ha otorgado la aprobación suprema y definitiva que corresponde a la autoridad del Papa, haciéndola, por consiguiente, de derecho pontificio . El Papa san Juan Pablo II, habiendo conocido personalmente a la Madre Trinidad y habiendo penetrado en la actuación de Dios en su alma, quiso que esta acción de Dios quedara reconocida expresamente en el decreto de aprobación pontificia de La Obra de la iglesia, y para ello estableció el 18 de marzo de 1959, momento especialísimo de dicha actuación, como fecha fundacional de La Obra de la Iglesia.

¿Quiénes forman parte? 

La finalidad de La Obra de la Iglesia la configura como una legión de almas que, puesta al lado del Papa y de los Obispos, les ayuden a realizar la misión que el Señor les encomendó. Está compuesta por tres ramas de vida consagrada: sacerdotal, laical masculina y femenina, en torno a las cuales se organizan las demás ramas de Adheridos, Militantes y Colaboradores.

La amplitud de La Obra de la Iglesia es tan grande como su propia vocación: en ella, como en la Iglesia, caben los sacerdotes y los laicos, los consagrados y los no consagrados, los matrimonios, los jóvenes y los niños. Una sola Obra, una misma misión, un sólo quehacer, que cada uno realiza dentro de su propia vocación, estado, condición o grupo.

Responsables

Personas consagradas a Dios con los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que viven en comunidad en los hogares de La Obra de la Iglesia, en casas separadas, una para los sacerdotes y hombres seglares y otra para las mujeres. 

Adheridos

Obispos, sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas o seglares consagrados privadamente a Dios, que sin vivir en comunidad en los hogares de La Obra de la Iglesia, pertenecen plenamente a ella y participan de su misión allí donde la voluntad de Dios los haya puesto. 

Militantes

Jóvenes y personas adultas casadas, solteras o viudas que, sin estar consagradas a Dios, buscan vivir la perfección de su estado en medio del mundo.

Colaboradores

Personas de cualquier estado de vida que participan en su medida del espíritu y la misión de La Obra de la Iglesia y colaboran con ella según sus posibilidades. 

Niños

Niños de ambos sexos que, desde su temprana edad —a partir de los 7 años— aprenden a vivir su ser de Iglesia y buscan cumplir el lema de la Madre Trinidad: «Tener a Dios contento y hacer felices a los demás». 

Colaboradores simpatizantes

Personas que, sin pertenecer propiamente a La Obra de la Iglesia, se alimentan de toda la riqueza espiritual que Dios ha puesto en ella, uniéndose en la oración y en el deseo de vivir y hacer vivir lo que es ser Iglesia a todos los hombres.

La Obra de la Iglesia en el mundo 

Actualmente, La Obra de la Iglesia tiene centros estables en España (Madrid, Guadalajara, Sevilla, Cádiz, Toledo, Valladolid, Ávila), Italia (Roma, Albano Laziale y Rocca di Papa), Guinea Ecuatorial (Malabo) y Ecuador (Quito), aunque desarrolla desde ellos misiones apostólicas también en otros países.

La Obra de la Iglesia, en virtud de su finalidad de ayudar al Papa y los Obispos a presentar el verdadero rostro de la Iglesia al mundo entero, está en contacto con más de 1500 Obispos de los cinco continentes.

La visita «ad Límina» que los Obispos periódicamente  es una ocasión preciosa para acogerlos y ayudarles durante su estancia en la Ciudad Eterna. Con esa ocasión la Obra de la Iglesia se pone a su disposición; y por lo tanto, además de acompañarlos en sus desplazamientos facilitando sus reuniones con las congregaciones romanas, las celebraciones en las Basílicas y el encuentro con el Santo Padre, se les ofrece la posibilidad de alojarse gratuitamente en las casas de la Obra, en cualquier lugar en que se encuentren.

De esta relación sencilla pero sincera, nace también una colaboración apostólica con los Obispos que lo solicitan, ya sea a través de los escritos de la Madre Trinidad, que se les envían mensualmente y que les ayudan en su vida espiritual, ya sea a través de la organización de retiros para sacerdotes, seminaristas o seglares en sus propias diócesis.

La misión de La Obra de la Iglesia:
«vivir y manifestar»

Nuestras Misiones

La misión de La Obra de la Iglesia nace del deseo de dar a conocer a todos los hombres la belleza de la Iglesia y el rostro de Dios. A través de nuestras misiones, nos ponemos al servicio de las diócesis y parroquias para reavivar la vida de fe, la vida cristiana y el amor a la Iglesia, llevando la luz del Evangelio allí donde somos llamados. 

Desde esta entrega, buscamos colaborar en la misión de la Iglesia católica, ayudando a muchas personas a profundizar en su identidad cristiana, en su vida espiritual cristiana y en una auténtica espiritualidad cristiana, siempre en comunión con los pastores de la Iglesia. 

¿Dónde estamos?

Nuestra labor se desarrolla en numerosas diócesis y parroquias, creando espacios de acogida, espiritualidad cristiana y encuentro cerca de ti. Aquí puedes consultar la ubicación de nuestras iglesias y centros de misión, lugares desde los que La Obra de la Iglesia trabaja para acompañar a las personas en su vida de fe, su vida cristiana y su camino hacia el rostro de Dios. 

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