“Enamoramiento”, “ternura”, “fuego en el corazón”, son palabras que prácticamente han visto reducir su significado a conceptos terrenos. Han adquirido un único sentido pasional humano y, por cierto, no el mejor.

Causa un gozo particular y da un sentido nuevo superior, el leer esta poesía de la Madre Trinidad que gira alrededor del amor entre Dios y el alma, vivido y expresado como el más sublime y real enamoramiento. La “locura” del Amor infinito y la respuesta del alma que ama también con “locura y frenesí” nos llevan a comprender el libro bíblico del Cantar de los Cantares y a vivir el primero de los Mandamientos de la ley de Dios: “Amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas”. Eso sí que es vivir enamorados, lo demás son tristes sucedáneos.

Sagrario de la Capilla de la Casa natal de la Madre Trinidad en Dos Hermanas (Sevilla)

28-5-1975

 

«¡Qué dulzura hay en mi alma!»

 

¡Qué dulzura hay en la hondura
de mi pecho dolorido…!,
¡qué manantial tan divino
en su fluyente frescura…!

Néctar de ricos perfumes
es el pecho de mi Amado,
donde mi ser, cautivado,
del suelo a la altura sube.

¡Que pasen todas las cosas
sin perturbar el reposo
de mi alma con su Esposo,
en íntima unión gozosa!

Él me besa… yo le beso…;
y, en dulce retornación,
los dos decimos amor
sin decirnos más que eso.

Pero amor que es, en ternura,
de tanta y tanta belleza,
que al alma la tiene presa
por su infinita hermosura.

Dejad mi pecho en reposo,
que Dios besa en su pasar
con un tan tierno robar,
que es todo su ser en gozo.

¡Hondura de mis misterios…!
Rompa el silencio en cantares
de sagrados tecleares
por el volar de mi vuelo.

Pues tanto corre mi alma
cuando siente a su Amador,
que emprende vuelo veloz
tras la marcha del que ama.

Silencio, guarda el secreto
de mi pecho enternecido
que se siente todo henchido
en ternuras del Inmenso.

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

         ¡Cuántos consagrados han perdido el verdadero sentido de lo sobrenatural, y, por ello, se han convertido en piedra de escándalo y ruina de las almas…! (17-12-76)

         ¡Qué dolor siento al contemplar que gran parte del pueblo consagrado, perdiendo su mirada sobrenatural, se ha desorientado, llenando de amargura el corazón de los hombres, al presentarles un cristianismo raquítico y material que, haciéndoles buscar sólo los bienes de acá, los separa del Bien infinito! (17-12-76)

         ¿Dices que amas a Dios y a los hombres, y no procuras poner en los corazones de los que te rodean el deseo de lo sobrenatural, único capaz de llenar de paz y caridad, para que se entreguen a Dios y por Él a los demás? (17-12-76)

         Sacerdote de Cristo, alma consagrada, si te separas del contacto con Dios, pierdes la mirada sobrenatural, y entonces llevas a los que te rodean a vivir sólo de unos bienes caducos, sin mostrarles el Bien supremo que les hará felices por toda una eternidad. (17-12-76)

         Porque te separaste del contacto familiar con Cristo, se oscureció tu vida, te invadióla confusión, se llenó tu pecho de amargura; y, tal vez, sin darte cuenta, haces eso mismo con los que a ti se acercan. (17-12-76)

         Dices que quieres dar a Dios a los hombres… ¿Cómo les darás a un Dios que no conoces por no buscar tiempo para estar con Él y, así, penetrando su pensamiento, saber cómo debes vivir y actuar? (17-12-76)

         ¿Estás consagrado a Dios? Recapacita, pues el tesoro que el Señor ha puesto en tus manos al llamarte «para estar con Él»1 y enviarte a los demás, es comunicado a los pequeños, especialmente a los pies del Maestro en grandes ratos de oración. (17-12-76)

         Tú, que te consagraste a Dios, levántate de tu letargo espiritual, mira al Cristo del Padre que te pide ayuda, no te dejes arrastrar por la confusión que nos invade, sé valiente, no tengas miedo a los soberbios; Dios saldrá por ti, poniendo en tu boca cuanto debes decir, si, viviendo de Él y para Él, con corazón sincero y alma limpia le buscas. (17-12-76)

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia