«¡Alégrate, hija de Jerusalén, y ponte de fiesta, porque, «verdaderamente», tu Esposo «ha resucitado»!

La resurrección de Cristo, hija, es la postura última sacerdotal. La primera es recibir esa donación; la segunda es responder y glorificar al Padre; la tercera es comunicar la vida a las almas; y la cuarta es recogernos a todos y llevarnos donde siempre «mora, en el Seno del Padre».

Cristo resucitó, y, con su muerte y resurrección, nos hizo morir a nosotros al pecado. Como dice: En la crucifixión «lo levantó todo a sí», ¡lo abrazó, lo purificó!, con su muerte enterró el pecado, y nos hizo surgir «a una vida nueva». »

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia