Hemos pensado ofrecer a través del Blog una serie de textos y un fragmento de vídeo que puedan ayudarte a hacer un retiro de media jornada -dos o tres horas- en éste tiempo de Adviento.

Hay que dedicar tiempo y silencio para que Dios pueda comunicar al alma su Sabiduría amorosa. Nuestra mente y nuestro corazón anhelan al contacto con Dios, que es beso del Espíritu Santo en nuestro interior.

 

 
 

Comenzamos introduciéndonos, de la mano de la Madre Trinidad, en el misterio que viviría María en su Adviento, con este fragmento del vídeo titulado “El Sancta Sanctorum, del 17 de enero de 1989 (pulse la tecla PLAY):

 

Continuamos con un resumen del tema “Adviento de María”. Una luz para conocer, descubrir y comunicar las maravillas que el Altísimo ha hecho en la Virgen, y un modo eficaz para que nosotros, tan cogidos normalmente por las cosas materiales, podamos entrar en sintonía con el Magnificat sublime de su vida.

 

“María se siente Madre y se sabe Virgen”

[bl]M[/bl]aría fue creada para ser Madre de Dios, siendo exenta del pecado original y teniendo en sí la plenitud de la gracia y de todos los dones del Espíritu Santo que como a Madre de Dios le correspondían, por la redención anticipada de su mismo Hijo, a quien Ella le diera la vida humana.

María, desde el principio de su vida hasta el fin, poseía todos los dones y carismas, toda la ciencia que todos los santos juntos hayan podido tener. Ella, por la luz del Espíritu Santo, tuvo siempre conocimiento íntimo de la grandeza de su alma, sabiéndose exenta de pecado y llena de toda gracia; por lo cual, penetrando en la verdad las grandes maravillas que el Amor ha obrado en Ella, entona ese Magnificat en el cual nos manifiesta cómo toda su “alma engrandece al Señor”.

No es solamente que la Virgen rompiera en alabanzas al Infinito cuando cantó su Magnificat de acción de gracias, sino que este cántico fue también la manifestación externa de lo que Ella, iluminada por los dones del Espíritu Santo, penetraba de su alma respecto al plan de Dios para con Ella, y de lo que era su espíritu delante de la adorable Trinidad. Y así ve que toda su alma es una alabanza a la gloria de la Santidad eterna. Su “alma engrandece al Señor” porque toda Ella es una manifestación cantora, alegre, dichosa y santa de esa virginidad eterna del Intocable, que, ante las grandezas que ha hecho en el alma de la Señora, es engrandecido y glorificado en Ella y por Ella.

La Virgen es toda un júbilo para el Amor eterno. Por eso, todo su ser, al saberse glorificadora de Dios, es “transportado de gozo en Dios su Salvador”, participando de esa bienaventuranza eterna que hace al alma que vive fuera de sí saborear los bienes prometidos a aquellos que en verdad son gloria de Dios.

“El espíritu” de la Señora “palpita de gozo en Dios su Salvador”, ya que, poniendo Éste sus ojos “en la pequeñez de su sierva”, hará que todas las generaciones la proclamen bienaventurada porque el Señor, el Omnipotente, hizo en Ella grandes cosas.

El Magnificat de María es todo él una alabanza del Infinito. La Virgen, vuelta completamente hacia el Creador, canta las excelencias del Eterno, al entonar las grandes maravillas que la Sabiduría Infinita ha obrado en Ella, haciendo resaltar que fue todo “porque miró la pequeñez de su sierva”.

María penetra en estas “grandes cosas” que el Infinito ha obrado en Ella, y ve que la Omnipotencia divina, derramándose sobre su ser, la ha encumbrado, ¡tanto, tanto, tanto!, que la ha hecho capaz de ser Madre del mismo Dios.

¡María…! La mente humana se pierde ante la consideración de tu misterio, ya que no hay gracia que pueda compararse a tu maternidad, ni criatura que pueda alcanzar la grandeza incomprensible que el Amor Infinito obró en Ti.

Toda mi alma te proclama dichosa, oh bienaventurada Virgen María. Todo mi ser “palpita de gozo en Dios mi Salvador”, “porque hizo en Ti grandes cosas Aquel que es Todopoderoso”. Sintiéndome hija pequeñina que te ama con todo su ser, mi espíritu se gloría en verte tan encumbrada, tan Madre, tan Virgen, tan Señora…, ¡tanto, tanto, tanto!, que eres la admiración de todos los bienaventurados, porque Tú y sólo Tú fuiste capaz de albergar en tu seno a Aquél, ante el cual, la corte celestial, anonadada, adora en un ¡Santo! eterno de trascendencia infinita.

María penetraba en su alma, sabía las complacencias de Dios sobre Ella; por lo cual, llena de gozo, era un Magnificat perenne a la Santidad infinita y al Amor eterno. […]

La Señora conocía las Sagradas Escrituras y, penetrando su significado, esperaba ansiosa y enamorada a Aquél que era la Gloria de Israel y el Salvador de su pueblo. Ella sabía que el Emmanuel había de nacer de una virgen, y Ella se sabía esa Virgen y se sentía Madre. Por eso, ¡qué misterio es el Adviento de María!

Sabemos que, a los santos, cuando llegan a la unión con Dios, el Amor les va descubriendo los secretos recónditos del misterio divino. El misterio de la Trinidad se les hace familiar, penetran en la Encarnación, todas las cosas se les van descubriendo en su verdad, por lo cual ven, a veces, lo recóndito de las almas. Muchos de ellos están animados del espíritu de profecía, discernimiento de espíritus y otras gracias innumerables que el Espíritu infinito va concediendo a sus almas fieles. Y todos, en las altas cumbres de la perfección, se abrasan en amor a Dios y a los hombres, siendo el centro de su vida el glorificar a Dios y el darle a los demás.

Todos estos dones en plenitud, y otros innumerables que a ninguna criatura le fueron concedidos, los tiene María en grado casi infinito. Por eso conviene que contemplemos a la Señora como una creación aparte, hecha para ser Madre de Dios, corredentora con Cristo y Madre de toda la Iglesia, porque Ella, no sólo es Madre de la Cabeza de la Iglesia, sino del Cristo Total, Cabeza y miembros.

¡No conocemos a María…! Por ello, nos la imaginamos en su vida caminando de sorpresa en sorpresa ante las realidades divinas que en Ella se obraban. Yo me ajusto, en todo, a lo que diga mi Santa Madre Iglesia, porque soy más Iglesia que alma; pero, como soy pequeña y necesito cantar las glorias de mi Madre, quiero entonar hoy este cántico a mi Virgen Inmaculada porque me lo exige el amor de hija pequeñina que le tengo. […]

 

Fragmento del escrito “Adviento de María”.
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opusc. 5 

Nota.- Para descargar el tema completo y llevarlo a la oración pulsar aquí: “Adviento de María”.
 

 

Y para terminar, unos pensamientos que despiertan paz silenciosa en el alma y la abren para escuchar al Señor en un rato de oración.

 

Quien ha descubierto la ciencia de orar, ha encontrado la felicidad, porque en la oración se descubre a Dios, que es la llenura de todas las capacidades del ser creado para poseer al Infinito. (18-11-68)

 

Señor, enséñame a orar para captar tu pensamiento y así no equivocarme ni equivocar a los demás. (18-11-68)

 

¡Cuántas cosas buenas quiere Dios para nosotros, que no nos las concede, porque no se las pedimos! «Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá». (6-12-73)

 

La principal postura de mi alma, mi más fecundo apostolado, la manera de agradar más a Dios: Orar, orar, orar… (10-12-64)

 

El que logre centrarse en su vida de oración, corre por el camino de la perfección. (14-4-67)

 

Todo el empeño del enemigo es que dejes la oración, ya que en ella está la victoria de tu alma. Sé constante en tus ratos con Dios, y vencerás todas las dificultades. (17-4-67)

 

Mis horas de sagrario son vida, son gloria, son fecundidad; porque cuando oro glorifico a Dios, comunico vida a las almas y repleto mis ansias de Iglesia. Por eso busco la oración.
(19-3-73)

 

Cuando el hombre ora, se pone en contacto con Dios, y Dios, complacido, se derrama en donación amorosa. (6-12-73)

 

Para el hombre que ora, todo es posible con el poder infinito del que todo lo puede; para el que no ora, en la flaqueza de su fuerza, todo se desvanece. (6-12-73)

 

Sé que, cuando estoy ante Dios, mi poder no tiene límites, y Dios descansa a gusto en mi alma en este país de soledad y desamor. ¡Cuánto podemos los hombres cuando oramos!
(3-10-74)

 

Más aprovecha a la gloria de Dios y al bien del alma una hora de oración en sequedad, buscando cómo agradar al Señor, que muchas horas de consuelos, porque en la primera se muestra más puro amor. (11-4-67)

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

 

Tomados del libro: “FRUTOS DE ORACIÓN”