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Iglesia mía, ¡qué hermosa eres…! Toda hermosa eres, Hija de Jerusalén. […]

Angelo-trombettiere_webEres «ejército en batalla», reina con tu realeza recibida del mismo ser de Dios, fuerte con la misma fortaleza del «León de Judá».

¡Ay, Iglesia mía!, toda hermosa, engalanada con la misma Divinidad que te penetra, te satura, te ennoblece, enalteciéndote con tal fecundidad, que tú, Iglesia mía, eres el mismo Verbo Encarnado que sale del seno del Padre rompiendo en Palabra y abrasándose en el Espíritu Santo. ¡Ésa es tu Real Cabeza, Iglesia mía! […]

¡Así amó el Padre a su Iglesia! No hay nada por infinito, misterioso y perfecto que sea, que el Padre, al querer revelárnoslo, no haya dicho a la Iglesia mía. Quiso decirle todo, y para eso, le dio su Verbo, su Decir eterno e infinito que, vuelto hacia mí, me expresó, en un romance de amor, la sabiduría amorosa que, en un concierto infinito, es mi Padre Dios. […]

¡Qué maravilloso es Dios! Tanto, que nos da a su unigénito Hijo para demostrarnos el amor que nos tiene, y, en un exceso de ese mismo amor, nos lo entrega en la cruz desamparado, cantándonos, en su cántico sangriento de Divinidad, el corazón del Infinito. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna». […]

Soy hija de Dios, partícipe de la vida divina, Dios por participación, heredera de la vida trinitaria del Infinito. Y todo, porque mi Trinidad Una, abrasada en el fuego del Espíritu Santo, se derramó sobre mi Iglesia mía, para que ésta, con señorío infinito, me diera todo lo que el hombre por sí jamás pudo ni soñar, ni poseer, ni siquiera apetecer, por no comprender «lo que Dios ha preparado para los que le aman». […]

Es la Iglesia, en su Liturgia, el cántico del Verbo, y la que me deletrea el mensaje divino encerrado en su corazón de Madre. […]

Vat_web¡Qué hermosa es mi Iglesia Madre! En ella se encierra, oculto en la Hostia blanca, el mismo Verbo Infinito, expresando en cada sagrario de la tierra, en un silencio incomprensible, el amor eterno que a mi Madre Iglesia tuvo su Esposo divino, el cual, queriendo estar con ella hasta la consumación de los siglos, se oculta bajo la apariencia de un pedacito de pan, para que ella pueda dar en comida y en bebida a todos sus hijos la misma Palabra eterna que tiene en su seno: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y Yo en él. Como el Padre, que vive, me ha enviado, y Yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí».

La Iglesia es el Verbo Encarnado, con su Madre Santísima, con todos los Apóstoles, los Mártires, las vírgenes, los Santos… […]

Iglesia mía, tú eres la verdad, la santidad, la unión, la caridad, la paternidad; porque tu Real Cabeza es el mismo Verbo que sale del Seno del Padre. Y eres tan sencilla, que ese Verbo, al crearte, se vistió de una naturaleza humana, y quiso confiarte y perpetuar en ti su misión de evangelizar a los pobres, «habiéndose hecho pobre el que es la Riqueza infinita, para enriquecernos con su pobreza».

Tú, con Cristo y por Cristo, eres Madre de todas las almas. Todas han sido creadas para meterse en tu seno, para ser miembros tuyos; todas están llamadas por Dios para contemplar la Palabra que sale del mismo Dios altísimo, manifestándose por tu boca abrasada en las llamas letificantes del Espíritu Santo. […]

Veo, en el seno de esta Santa Madre mía, unas cavernas abiertas, sin cicatrizar, sangrando, esperando su llenura con la vuelta de unos hijos que, al marcharse, la dejaron herida, desgarrando sus entrañas amorosas. Y se fueron porque no conocieron a su Madre la Iglesia, porque, aunque fueron Iglesia y tal vez Iglesia docente, no conocieron bien su ser de Iglesia. […]Buen_Pastor_Good_Shepherd_web

Y ahora la Iglesia está como el padre del hijo pródigo, saliendo a su encuentro y atisbando desde su altura divina, clamando desgarrada, desconsolada y amargamente por el Vicario de Cristo en la tierra: «¡Unidad, Unidad…!». […]

Tienes otros hijos que, viviendo dentro de tu mismo seno, son muertos ambulantes, cadáveres flotantes, que hieren profundamente tus entrañas maternales, y son, Madre mía, aquellos que, siendo hijos tuyos por el bautismo y la fe, viven en pecado mortal.

También tienes otros hijos que, estando en gracia, no viven de la vida infinita que en tu seno se encierra, y son miembros enfermos y paralíticos. […]

Católicos todos, oíd la voz de vuestra Santa Madre Iglesia que os llama a compenetraros con ella, a vivir de su vida divina. […]

Almas consagradas todas, sacerdotes de Cristo, que, ungidos por el óleo suavísimo, símbolo de la Divinidad, como el aceite que, ungiendo la cabeza de Aarón se deslizó por su rostro derramándose hasta la orla de sus vestiduras, tenéis que ser óleo suavísimo que, en sobreabundancia de vuestra unción sacerdotal, deis a todas las almas esta vida que Cristo vino a traernos, como Él dijo: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»; «Y la vida eterna consiste en que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo tu Enviado».

¿Sabemos, sacerdotes de Cristo, almas consagradas todas, miembros vivos y vivificantes del Nuevo Pueblo de Dios por nuestra injerción en Cristo, que somos nosotros, por nuestra vida de entrega, de renuncia, de olvido de nosotros mismos, y especialmente por nuestra vida de oración, los que tenemos que entrar, viviendo más íntimamente nuestro ser de Iglesia, en una intimidad profunda con ese Padre nuestro que Jesucristo vino a manifestarnos, y arrancar la espina honda que taladraba su alma cuando, a través del Evangelio, se queja dolorosamente clamando: «Ni me conocéis a mí, ni conocéis a mi Padre…», «Padre justo, ¡y el mundo no te ha conocido!»; «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron»?semana-13-1

Pero ¿cómo lo conseguirás, si, por tu escasa vida de oración, no sabes de intimidad con el Amigo Divino, el cual te espera siempre? ¡Alma querida, si al menos tú le escucharas, le amaras y supieras recibirle…! […]

Iglesia mía, Madre amada, recreo y complacencia del mismo Dios, ¡avanza triunfante! Eres «torre fortificada contra el enemigo», «eres fuente sellada, huerto cerrado, jardín florido». Eres «como un ejército en batalla», dispuesta a enloquecer a Dios de amor.

¡Avanza!, que nosotros, unidos a tu Cabeza visible, cantaremos la alegría eterna de tu seno de Madre, entrando por ti en el regazo de nuestro Padre Dios, y en él viviremos de Cristo Jesús, el cual, por medio de María, nos cantó sus amores y los tuyos en tus brazos maternales; y abrasando a todas las almas en el fuego del Espíritu Santo, daremos un grito de ¡Unidad!, viviendo para que se forme «un solo Rebaño y un solo Pastor».

¡Iglesia mía!, ¡qué hermosa eres…! ¡Cuánto te amo!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “El Rostro de la Iglesia”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 1

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El Rostro de la Iglesia”.pdf

 

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Mi Iglesia es toda hermosa, engalanada y enjoyada con la misma Divinidad, que sobre ella se derrama en cataratas de ser y en Trinidad de personas. (15-9-63)

El Padre ama a su Iglesia tan maravillosamente, que, queriéndole decir, en un derramamiento de su Amor infinito, todo lo que Él es, tan divinamente se lo dice, que con la misma Palabra que Él tiene en su seno para expresarse a sí, se lo expresa a la Iglesia, para que ésta me lo deletree en un romance de amor. (15-9-63)

El Verbo ama a su Iglesia de tal forma que, no contento con decírsele en su cántico infinito de júbilo gozoso, se le dice también en una agonía tristísima de Getsemaní, en un reventón de sangre y en una destrucción de su naturaleza humana que, muriendo en la cruz, nos canta el amor infinito. (15-9-63)

Es voluntad de Dios que se muestre el verdadero rostro de la Iglesia, y, para eso, quiere que se dé a gustar a todos la vida de la Familia Divina, que es el gran tesoro que vive la Iglesia en sí, y que busca que vivan todos y cada uno de sus hijos. (11-1-67)

Mi alma siente gran necesidad de que conozcan a mi Madre Iglesia tal cual es: en su vida, en su hermosura, en su tragedia y en la riqueza que en su seno se encierra, que es Cristo, trayéndonos, por María, el mensaje eterno de la Trinidad, como riqueza infinita, para que, al mirarla, vean el rostro de Dios en ella. (21-3-59)

Hay que presentar a la Iglesia con toda su hermosura, viviendo la vida de la Trinidad, de Cristo y de María mediante una gran caridad, para que vengan todos los hijos separados que se fueron del seno de esta Santa Madre, porque nosotros, los que somos Iglesia, no se la presentamos en toda su belleza. (21-3-59)

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