“Y se rasgó el velo del templo” ¡Y Cristo entra triunfante en el Cielo! Y a partir de ese momento comienza la Iglesia Triunfante. Ya está abierta la puerta para el quiera acogerse a la redención.

En 2001, la Madre Trinidad escribía en el tema ¡Bienvenido sea el hombre al Seno del Padre! :

¡Qué sábado de triunfo tan glorioso!, en el cual el alma del Unigénito de Dios, que al mismo tiempo es el Hijo del Hombre, abre por el fruto de su Redención los portones suntuosos de la Eternidad, cerrados desde el Paraíso terrenal por el pecado en rebelión de nuestros Primeros Padres; y se alzan las antiguas compuertas ante el paso impetuoso de irresistible poderío del alma del Unigénito de Dios inmolado, en triunfo de gloria.

Mientras que un jubiloso himno de alabanza resuena por los ámbitos del cielo y hasta los últimos confines de la tierra:

«Portones, alzad los dinteles,
que alcen las antiguas compuertas
que va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
Es Yahvé, fuerte y poderoso,
es el Señor héroe de la guerra.
Portones, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas,
que va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
Yahvé de los Ejércitos,
Él es el Rey de la gloria»

Oyéndose en las alturas de los ámbitos anchurosos de la Eternidad como un himno de triunfo: ¡Bienvenido sea el Hombre que ha abierto con sus cinco llagas el Seno del Padre!

María estaba contemplando la entrada del Hijo de Dios y su Hijo, mientras que moraba en la tierra, como Madre de la Iglesia, con los Apóstoles.

Hoy el Cielo está de fiesta, porque ha entrado Jesús en él y ha empezado la Iglesia gloriosa; pero la tierra está de luto porque los hombres han matado al Hijo de Dios, el Mesías prometido y anunciado por los Santos Profetas, y los Apóstoles no sabían el gozo que Él tenía, mientras que María lo contemplaba llena de gozo indecible, inundada del amor del Espíritu Santo.


¡Se rasgó el velo del templo porque se abrió el Seno del Padre!

¡El alma de Cristo, en el Seno del Padre, como Verbo y como Hombre, gozándose…! Su cuerpo reposa en el sepulcro…

Y así, habiendo acompañado en toda su pasión al Divino Maestro, ahora nos quedamos con María esperando la promesa de su Resurrección con la Iglesia militante.