Ante la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, la Liturgia nos ofrece la posibilidad de vivir contemplando la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma arrebatada por la adorable Trinidad. Dios se complace en hacernos contemplar éste gran misterio rodeado de poesía divina.

La lectura del tema es de una dulzura indescriptible, nos invita trascender a las cosas de arriba y mitiga las penas presentes.

 

“¡Silencio…! ¡Silencio…!;
que se está durmiendo la Señora”

«Al atardecer de este día, 15 de agosto de 1960, tuve una luz muy fuerte de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma a la Eternidad.

Contemplé cómo era levantada toda Ella por el beso inmutable del Espíritu Santo. […]

Dicen que “es preciosa la muerte de los justos” (Sal 115, 15), porque no es nada más que un beso del Espíritu Santo, ¡tan silencioso…!, ¡tan suave…!, ¡tan hondo y tan profundo…! que, en un requiebro de amor inmutable, se lleva al alma, a veces sin que ésta casi lo aperciba.

Así le pasó a María: fue ¡tanta paz…!, ¡tanta inmutabilidad…!, ¡tanto silencio…!, ¡tan hondo y tan profundo…!, que se encontró de pronto en la Gloria.
Fue un sueño de amor, en el aleteo infinito del Espíritu Santo, en el abrazo de su Consorte divino: ¡Se durmió a la vida en el beso y el abrazo del Espíritu Santo…! […]

María, en su Asunción gloriosa en cuerpo y alma a la Eternidad, remontó su vuelo por encima de los Ángeles y Arcángeles, Querubines y Serafines y de toda la creación; siendo introducida por el Amor infinito de la Virginidad Eterna en la profundidad honda de aquel Eterno Engendrar…; Engendrar que da a luz, de su misma Luz, al Eterno Oriens en el amor infinito y coeterno del Espíritu Santo. […]

Ya está preparada por Dios el alma de María para su tránsito definitivo a la luz de la Gloria en visión esplendorosa, en posesión total, desatada de este destierro… […]

Al llegar el alma de María a aquel punto de divinización casi infinito, toda Ella era llevada y traída…, besada y festejada…, amada…, abismada y adentrada en aquella vida íntima de la adorable Trinidad… […]

«¡Silencio…! ¡Silencio…!
¡Silencio…!; que se está durmiendo la Señora… […]

¡Silencio…! ¡Silencio…!, ¡respeto…!, ¡veneración…!; ¡que estoy contemplando el momento esplendoroso y majestuoso en que la Señora está siendo levantada a la Eternidad por el paso silencioso de Dios que, en beso amoroso de Espíritu Santo, la está atrayendo hacia sí por la suavidad de su brisa divina…!

¡Se ha hecho un gran silencio…!
¡Todo es silencio en torno a María…! […]

Había llenado María su misión de Virgen Madre, de Corredentora y Madre de la Iglesia; y ahora, Assumpta, sube al Cielo para seguir su mediación universal entre Dios y los hombres.

¡Tuvo que dormirse la Señora…! ¡Era necesario que la Inmutabilidad la poseyera totalmente, y Ella, así mismo, poseyera a la Inmutabilidad!
Porque, ¡un paso más!, y hubiera rebasado los límites de su capacidad casi infinita de divinización…

Y por eso, porque esto no era posible, ¡SE HA DORMIDO LA SEÑORA…!». […]

También, el 15 de Octubre de 1972, después de haberme mostrado el Señor, en fechas anteriores, «El Camino de la vida», con el «Abismo» en su término, y en el que vi caer a muchos de los que alocadamente caminaban sin prevenirse de sus «alas de águila» para poderlo atravesar, dicté un escrito titulado: «María cruzó el Abismo». […]

La Virgen, al pie de la cruz, sufrió una muerte mística según la profecía de Simeón de que una espada de dolor le traspasaría el alma; como a Jesús le traspasó físicamente el costado la lanza del soldado, en manifestación de su muerte corporal. […]

Cuando Cristo murió, el alma de la Señora de la Encarnación, totalmente unida a su Hijo, sintió y experimentó en sí el estremecimiento y los terrores de la muerte más terrible que podamos imaginar. […]

No necesitó la Virgen morir para ser Corredentora, como tampoco necesitó pecar para ser redimida; y como la muerte es consecuencia del pecado, quien no pecó no tuvo por qué morir . […]

Por lo que esta pequeña hija de la Iglesia, con corazón sencillo, alma abierta, y en adhesión incondicional, como en todos los momentos de mi vida, al pensamiento de la Iglesia, manifiesta que, en el momento de ser levantada la Señora de esta tierra a la Eternidad por la voluntad del Padre, en el abrazo del Hijo y en el roce infinito de suavidad silenciosa e inmutable del Espíritu Santo, no vio, en ningún momento, separación entre el alma y el cuerpo de la Virgen. […]

Yo no vi separación entre su alma y su cuerpo el día que la Virgen Blanca dejó el destierro para introducirse en la Eternidad.
Pero sí vi y comprendí, llena de júbilo y de sorpresa indescriptible, quedándose grabado en mi limitado, pequeño y trascendido entender, el gozo que las divinas Personas tenían, al llevar hacia sí a aquella criatura que fue, con Cristo, el “sí” de respuesta gloriosa frente a Dios en nombre de todos sus hijos. […]

Era su cuerpo, un cuerpo exento de pecado, como el de nuestros Primeros Padres en el Paraíso terrenal; y por tanto no necesitaba morir. […]

«“¡Assumpta est María” que sube a los Cielos, triunfante y gloriosa, con paso seguro y majestuoso…! ¡Es blanca su alma, sin nada que la impida volar hacia las mansiones del Reino de Dios…! […]

La Virgen pasó por la vida con la agilidad de un rayo, sin posarse por el fango de la tierra, sin empolvar siquiera su alma inmaculada, sin sentir en sí las concupiscencias que han sido consecuencia de la rotura del plan de Dios». […]

Su alma atrajo, levantándolo consigo, al cuerpo, y le hizo atravesar el Abismo insondable que el pecado había abierto entre Dios y el hombre, sin sentir ni el más ligero impedimento. […]

¡Asciende María…! Asciende entre las claridades del Sol Eterno, bajo el amparo y el cariño del Espíritu Santo, protegida por el abrazo del Padre, e impulsada y atraída hacia el Cielo por la voz del Verbo…

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito: “SE HA DORMIDO LA SEÑORA EN ASUNCIÓN TRIUNFANTE Y GLORIOSA A LA ETERNIDAD” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 14)

 Nota.- Para descargar el tema completo  pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “La Asunción de María”, que fue grabado el 15 de agosto de 1988 (pulse la tecla PLAY):

En Belén, en el Calvario y en su gloriosa Asunción al cielo, se manifiesta la grandeza de Nuestra Señora, que le viene por el misterio de la Encarnación en la plenitud del sacerdocio de Cristo. (25-10-74)
Me siento derretir de amor a la Virgen, al llamarla Nuestra Señora del Espíritu Santo; pues veo que todo cuanto en Ella se realiza, es por el Beso amoroso, en arrullo secreto y silente, del Espíritu Santo en paso sagrado de Esposo. (19-12-74)
María recibe a Dios en silencio, lo guarda en silencio, y lo comunica en silencio. (2-2-71)