En Dios, su vida de familia es esencialmente misterio de comunicación trinitaria divina. Tratándose de comunicación de vida le llamamos comunión. Y Dios en su comunión-comunicación perfecta y terminada descansa y es feliz.

Porque somos Hijos de Dios también nosotros necesitamos comunicar y vivir en comunión. En nuestro caso, todo esto es muy incompleto por incapacidad de nuestro limitado ser y vivir, herido por nuestro pecado original. Y, además, esa incapacidad aumenta desproporcionadamente cuando no sólo necesitamos expresar lo que somos y vivimos, sino que necesitamos expresar lo que es Dios y lo que vive. Por eso dice esta poesía: “si yo lograra…” decir el Cielo, ¡mas no puedo!

Y sin embargo, en su no poder, ¡lo dice!

 


4-4-1972

«Si yo lograra…»

 

¡Si yo lograra decir,
en mi expresar lastimero,
esto que siento en mi hondura,
cuando me hundo en mis Cielos…!,

¡en aquel gozo inefable
que, en la Encarnación del Verbo,
Dios me mostró al adentrarme
en la hondura de su encierro…!

¡Si yo lograra, en mi modo,
el descifrar con conceptos
eso que vivo en mi entraña,
cuando se acerca el Eterno,
cuando me mete en las fraguas
de sus coeternos misterios…!

¡Si dijera, en mi misión
de decir lo que en mí tengo,
decir el decir de Dios
que yo encierro en mis adentros…!

¡Si lograra de algún modo,
aunque lo hiciera muriendo,
romper la hondura profunda
del vivir de mi secreto…!

¿Cómo decir lo indecible
en mi angustioso lamento…?

Mas, si no puedo decirlo,
¡menos puedo no exponerlo!,
ya que la fuerza de Dios,
introducida en mi pecho,

me impulsa para que exprese
lo que tengo, como puedo,
aunque me mate el martirio
por profanar mi secreto.

¡Qué triste es morir penando,
aunque me envuelvan los Cielos!

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia