El Papa San Juan Pablo II, en la primera audiencia que tuvo con la Madre Trinidad, le preguntó por qué había tomado ese nombre. “Santo Padre” -respondió ella- “es mi nombre de bautismo, pues siguiendo una costumbre de familia, me pusieron el nombre de mi abuela”. El Santo Padre respondió con un gesto muy típico en él, moviendo su dedo índice: “Sí, pero no sin designio divino, porque Usted tenía que hablar de la Trinidad en la Iglesia”.

Afirmación llena de clarividencia y acierto. Pues eso había hecho la Madre Trinidad desde tantos años atrás y eso mismo seguiría haciendo: “porque mi misión es cantar, cantar hasta que me muera, la hermosura, la riqueza y la grandeza de Dios, Cristo, María y mi Madre Iglesia”.

Este pequeño fragmento del vídeo “Celebrar eternamente el día de la Trinidad “, grabado el 14 de junio del 1987, nos ofrece una hermosa muestra de ese cántico vibrante que es luz para nuestras almas.