Esta breve composición, profundamente poética, es una oración encendida y sincera sobre lo que vive el alma cuando ha recibido a Jesús en la Eucaristía.

La belleza de los sentimientos que suscita en el alma la Sagrada Comunión y el gozo que experimenta el Señor en la gran Común-unión de cada día es un continuo enamoramiento del alma con Dios y de Dios con el alma.

 

“Jesús, te tengo y te deseo, te busco y te poseo…”

 

Herido el pecho amante, descansa en tu regazo en horas prolongadas de dulce intimidad…

Yo sé cuánto me amas, Jesús de mis amores, pues te apercibo dentro después de comulgar.
Ternura son tus dones dentro de mis entrañas, requiebros, sin palabras, en hondo reclamar…
Y hoy quiero retornarme, postrada ante el Sagrario, con mi inmensa pobreza en donación total.

Ya sé que este destierro cargado está de penas, de cruces, de tormentos, de congojas sin par… ¡Largos son los senderos de esta vida en tinieblas, que nos lleva entre llantos al gozo inalterable de tu infinito Hogar…!

Procesión de la Solemnidad del Corpus Christi en Dos Hermanas (Sevilla), pueblo natal de la Madre Trinidad

¡¿Qué importa que yo pene, Jesús de mi sagrario, Señor del Sacramento, en días prolongados, en noches que no acaban por su duro pasar?! Si Tú sigues glorioso en tu inmensa potencia, en tu dulce clemencia, repleta está mi alma de tu eterno gozar…

Tus glorias son mis glorias, cualquiera que éstas sean; su precio nada importa, aunque muera en la lucha de un continuo penar…

¡Qué largos son los días…! ¡Qué negras son las noches de cada peregrino en su peregrinar por el camino largo por el que le conduces, cargado de misterio, hacia la eternidad…!

Mi alma enamorada, después de recibirte en el gran Sacramento obrado en el altar, quiere aceptar de nuevo tu eterna voluntad, sea cual fuere ésta para mi ser herido, que, transido de amores, te busca sin cesar.

Te tengo y te deseo dentro de mis entrañas; te busco y te poseo allí en mi palpitar, clamando por hallarte de nuevo cada día, junto a la Eucaristía, para saber tornarme, después de recibirte, a tu inmensa bondad…

Te amo en las honduras ocultas de mi pecho…, te beso, como puedo, después de comulgar… ¡Y sólo busco ansiosa, en mi vivir sellado por la luz de tus fuegos, gozo poderte dar con mi pecho sangrando y en Ti crucificada, buscando en cada instante llenar todo tu plan!

¿Qué pasará mañana…? pregunto cada día cuando la prueba arrecia sin quererme dejar. ¡Qué importa lo que pase, si Tú estarás conmigo, Jesús del Sacramento, dándote en alimento, en cada encrucijada de mi vida, al pasar…!

¡Qué bellas son tus lumbres cargadas de misterio, repletas de promesas cuando en mi hondura estás…! Yo escucho tus palabras repletas de esperanza, que hablan quedamente sin nada pronunciar.

Tus penas son mis penas, tus glorias son las mías, tu voluntad cumplida tan sólo en mis penares me hace descansar. Lo demás nada importa.

Mi ofrenda por la Iglesia, bien sé que fue aceptada, y hoy quiero ante el sagrario, después de recibirte, ofrendarme de nuevo como en cada mañana, sin mirar cuánto cueste cumplir en cada instante tu santa voluntad.

Te amo, Jesús mío, recibe este día, con toda su pobreza cargada de nobleza, mi donación total.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “TE BESO COMO PUEDO, DESPUÉS DE COMULGAR”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 6)

 Nota.- Para descargar el tema  pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “En la Hostia consagrada se realiza el sublime Sacramento para salvar a las almas: ¡Pueden caer al infierno!”, que fue grabado el 6 de junio de 1996 (pulse la tecla PLAY):


Procesión del Corpus a su paso por la casa natal de la Madre Trinidad en Dos Hermanas (Sevilla)


Acabo de comulgar, ¿qué más puedo querer? Más felicidad no existe, aunque muchas veces, experimen- talmente, no se sienta. (17-10-66)
Comulgo para hacerme Tú por participación y poderte cantar, en tu amor, a los hombres; y Tú ¿me aceptas como oblación para hacer de mí el alma-Iglesia que Tú necesitas, y así poderte dar a las almas, a través mía, según tu voluntad? (16-4-61)
Jesús, necesito comerte bien para saber victimarme y cantar contigo, en la cruz, tu canción de amor y dolor.
(16-4-61)