Las promesas de Dios se cumplen siempre, Él es fiel e infalible. Así, todo el que quiera saber de compañía, de ternura, de cercanía y de llenura, que acoja a Dios en su alma, donde muy a gusto Él pone su morada.

Hay una soledad que es individualismo pernicioso, que Dios no quiere que vivamos; y por eso “el que me ama, guardará mi palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en Él” o sea, con él formaremos comunidad: ¡No es un sueño! Esto es vivir de Dios y con Dios sin límites, anticipo de la Eternidad.

 

 

 
 

El «respirar» del Dios vivo en la hondura del alma

 

         El hombre que no ha saboreado a Dios, le cree lejano porque nunca supo de su compañía; y como le cree, le comunica, desorientando a los demás. (22-6-68)

         Quien ha gustado a Dios, sabe que es más cercano que él mismo, porque le apercibió en la médula del espíritu; y aunque a veces no le sienta, conoce, en un saber que es vida, que Dios mora dentro de nosotros mismos. Esto es saber a Dios o de Dios; lo demás son ideas frías que le hacen lejano y extraño. (22-6-68)

         ¡Qué sagrado es saber, en saboreo de silencio, que el Eterno Seyente está en nosotros y nosotros en Él, por la participación de cuanto es, en nuestra alma pequeñita!
(31-3-75)

        Dios es para mí el Dios vivo; tanto, que apercibo su «respirar» dentro de mi alma. (3-10-74)

        Siento a Dios como «respirando» dentro de mí, y de tal manera lo percibo, que si yo no hubiera oído jamás hablar de Dios, creería en Él y sabría que lo tenía dentro, porque siento su «respirar» en mis entrañas espirituales, en vida jadeante de actuación amorosa. (3-10-74)

        ¡Qué dulce misterio tener al Amor siempre tan cercano, sentir el «respirar» de su pecho y la caricia acogedora de su profunda mirada llena de comunicativos misterios, que son donación en petición de respuesta! Pues Dios pide, al que se da, respuesta a su donación. (25-4-75)

         Con tu diestra te me muestras, y con tu siniestra me sostienes; ¡muéstrateme, Señor, que desfallezco de amor! Quiero oír tu voz y ver tu rostro, quiero escuchar el palpitar de tu pecho… Quiero apercibir el «respirar» de tu serte vida en la hondura de tu coeterna comunicación… (17-7-75)

         Dios «respira» en el recóndito profundo del espíritu, siendo el Dios vivo y viviente que descansadamente reposa en nuestro interior. (4-10-74)

         ¡Qué dulce es sentir el «respirar» del Eterno en la hondura del alma o en mi sagrario quedo! Sentir su «respirar», es misterio de encuentro, es saber, entre velos, del Dios vivo. (3-10-74)

Pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia,

tomados del Libro “Frutos de oración”

Imagen de la Inmaculada Concepción. Parroquia de Santa María Magdalena en Dos Hermanas (Sevilla), pueblo natal de la Madre Trinidad.

Mi  Modelo

 

     ¡Un modelo incomparable…!
yo lo vi;
y en destellos de pureza
contemplé,
con un porte tan sencillo,
que robó
mi mirada subyugada
en su pudor.

     Era Ella, la Señora,
en sencillez,
que, cual Niña delicada,
me mostró
el modelo que, en su porte,
descubrí.

     Era Virgen y era Niña enamorada,
que mostraba, en su pureza
rebosante de esplendor,
el rubor de una doncella cautivada
por la brisa cariñosa del Amor.

     Era Ella, fue María,
sin dudar,
que me dijo, en el modelo de su porte,
sencillez.

     Desde entonces fui buscando
el imitar,
a lo largo de mis días,
su candor,
que robó, cuando era niña,
mi atención,
al saber que era el modelo
que debía imitar yo.

     Era Niña, era Virgen,
más blanca que una azucena,
más sencilla que una flor.
Y ése era mi modelo,
no lo dudo;

     el Señor me lo mostró,
cuando los años primeros
de mi don.

 

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia.   

(16-1-1973)