iceland-main-AP-xlargeDios es el que Se Es; la Fuente de la vida, el Manantial de las aguas eternas que brotan en infinitud de cataratas de ser, principio de toda vida y razón de toda existencia; el que tiene saciada en sí toda su felicidad infinita, que en infinitud, por sus atributos y perfecciones, se es la Saciedad completa de capacidad de abarcación. […]

El Padre se está contemplando en su Manantial de ser. Y por infinitud y sobreabundancia de serse el Padre Fuente fecunda, engendra un Hijo que se es todo el ser divino, que, en Canción amorosa, se desborda, teniendo todas las cosas su razón de ser en el Verbo. […]

El Padre rompe con su Verbo en manantiales infinitos, y Éste, que es esos mismos manantiales, se esparce por toda la tierra en el amor unicísimo del Espíritu Santo. Y las tres divinas Personas se tornan y retornan, como Fuente de vida, en sus manantiales inagotables y en su perfección de ser, estando infinitamente refrigeradas en su intimidad unicísima y trinitaria.

Y Dios se derrama, como Fuente de vida, de tal forma que todas las fuentes, todos los manantiales, los mares y los arroyuelos, tienen su razón de ser en este Manantial de vida, Fuente eterna que, brotando en borbotones, salta en Expresión diciendo en su persona, como Hijo, todo el inagotable y fecundo ser del Padre en las refrigerantes llamas del Espíritu Santo, Manantial eterno de aguas vivas e infinitas. […]

¡Ya está el Verbo cantando! Y ¿qué cantas Tú, Verbo infinito, Palabra del Padre, Manantial infinito de las eternas perfecciones? ¿Qué dices Tú, que eres toda la Complacencia del Padre, y que en ti y por ti fueron creadas todas las cosas? ¿Qué cantas Tú, Verbo Encarnado, Jesús Nazareno, Cristo clavado? ¿Qué palabra sale de tu boca, Manantial de aguas vivas?

Cristo-de-la-Sed– “¡Tengo sed…!” Sed de almas para la gloria del Padre, sed de que se llene la tierra del conocimiento de mi vida –que es la misma que la del Padre y la del Espíritu Santo– “como llenan las aguas el mar”. […]

– ¡Tengo sed de darme a conocer! ¡Tengo sed, Padre, de cantarte a mis hermanos! Y Yo, que soy la Fuente de la vida, estoy reseco, porque después de tantos siglos y de haber muerto en la cruz reventando por todos mis poros en sangre, veo en mi presente eterno que, después de tanto expresarte y manifestarte, mis hermanos los hijos de los hombres no conocen el Agua de la vida, porque ¡ni te conocen a ti ni me conocen a mí! Y entonces, mi alma se pierde en la más honda tragedia e incomprensión. “¡Busqué quien me consolara y no lo hallé!”; porque busqué quien me comprendiera, quien me recibiera, quien me escuchara, y no lo encontré. […]

El manto real que envuelve a la Iglesia es la Sangre del Cordero, con la que esta Santa Madre lava y embellece a todos sus hijos, haciéndoles así participantes de la vida gloriosa de la Trinidad. Pero es necesario que escuchemos, en el silencio de la oración y en la intimidad de nuestra alma, a esa misma Trinidad comunicándonos su secreto infinito.

El Padre nos está diciendo dentro de nosotros su amorosa Palabra para que escuchemos su decir y sepamos, en el amor del Espíritu Santo, de la vida del Infinito que se quedó en la Eucaristía y puso su mansión en nuestras almas para podernos decir, en un requiebro de amor, su mismo secreto y su eterno vivir. […]

Sermon-on-the-mount-copenhagenLa Iglesia está contemplando, en muchos de sus miembros, con el Padre, está cantando con el Verbo a todos los hombres, y se está abrasando y abrasando a las almas en el fuego del Espíritu Santo. Y eso lo está haciendo la Madre Iglesia en plenitud por sí misma y en aquellos miembros que viven su Iglesia totalmente, participando del vivir de Cristo y recibiendo el mensaje eterno que Él vino a comunicarnos. […]

Sacerdote de Cristo, escucha al Sumo y Eterno Sacerdote para que aprendas su Canción, apercibas su secreto y, en Él y por Él, des gloria a Dios en respuesta amorosa a su don, y vida a las almas.

Alma-Iglesia, sé, en el seno de esta Santa Madre, refrigerio que calme la sed del Verbo del Padre, que, dando la mayor muestra de amor a los hombres, por amor al Padre clama: “¡Tengo sed…!” Pide a Dios, Fuente de aguas vivas, que se derrame en ti, por Cristo, como Manantial de agua divina; y así tú, por ese conocimiento de Dios, te abrases en tus entrañas, en el fuego amoroso del Espíritu Santo. […]

¡Misterio terrible el de la comunicación de los santos…! Por nuestra incorporación en Cristo, estamos comunicando vida divina a las almas. […]

¡A ver si escuchamos más íntimamente el quejido de Cristo y, compenetrándonos más con Él, le consolamos! Que no tenga que decirnos a nosotros también: “¡Tengo sed!”, sino que nos pueda decir, porque seamos de los que le hemos recibido: “¡Dame de beber!”, y al darle nuestro amor, le sepa a la vida divina que, por nuestra unión con Él, inunde nuestra alma. Y así, acompañándole en su pasión, muramos y podamos vivir nuestra resurrección con Cristo a la vida nueva, que Él ha venido a traernos.

Caminemos hacia la eternidad esperando la vuelta de Jesús, donde todos los que le han seguido se saciarán en los manantiales eternos de la Familia Divina. Y allí, viviendo con el Padre, por el Hijo, en la unión del Espíritu Santo, seamos Iglesia que cantemos eternamente las alabanzas de Dios, en aquel seno de la Trinidad donde nos encontraremos con el alma de Cristo eternamente refrigerada, con María nuestra Madre en plenitud saturada, y con todos los bienaventurados que nunca más tendrán sed porque están conociendo al Padre y al Espíritu Santo, en unión con Jesucristo.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “¡TENGO SED!”, tomado del libro “La Iglesia y su Misterio”

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “¡Tengo sed!”.pdf

 

 

  Jesus_orando

Escucha al Señor y aprende así a vivir de Él, siendo descanso para su alma, reseca por el dolor de la incomprensión. (1-2-64)

¡Qué terrible es la contención del misterio de la redención, que le hacía a Jesús vivir, en un mismo instante, con Dios en una dimensión incomprensible, y con todos los hombres en entrega de amor, en necesidad de respuesta, y en negativa de ingratitud por parte de ellos! (22-9-74)

El Señor quiere que le escuches para decirte y darte su secreto de amor infinito y, como consecuencia de esto, abrir en ti sed de almas. (1-2-64)

El misterio de la Madre Iglesia es tan rico, vivo y vivificante, que me une directamente con Cristo por medio de la Liturgia, prescindiendo del tiempo y cortando la distancia, con la entrega, en los días de mi peregrinación, de cuanto Él es, vive y realiza; siendo capaz también de cogerme a mí y trasladarme al tiempo de Cristo, para hacerme vivir y beber directamente en el manantial de su costado abierto. (15-10-74)

Sacerdote de Cristo, ¿puede el Señor llamarte «amigo», porque te ha manifestado lo que oyó del Padre…? En la medida que le escuches, le darás almas y apagarás su sed. (12-5-64)

Está sediento el Señor de tanto esperar a quién decirle su amor infinito… Ahóndate profundamente en la concavidad del costado de Cristo, para que descubras el misterio que en Él se encierra, y así le cantes a todas las almas. (1-2-64)

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