«Escuchando a la Madre Trinidad en el vídeo, ¡¡he entendido por primera vez en mi vida porqué Dios tiene que ser tres Personas…!!».

En los ojos del joven que pronunció esta frase se percibía una mezcla de emoción y alegría espirituales, no era un comentario más, hecho a la ligera. La proyección de aquella charla de la Madre Trinidad daba012A fin a una serie de encuentros organizados por La Obra de la Iglesia en la Parroquia-santuario Claret, en el marco de su Misión en Malabo (Guinea Ecuatorial). Aquel joven africano llevaba varios minutos como inquieto, conteniéndose, en espera de un espacio de silencio para poder intervenir en el círculo espontáneo de amigos que se había formado a la salida del acto. No aguantaba más, se sentía lleno y feliz, interrumpió repentinamente al que estaba hablando, «Déjame un momento…», dejo escapar en tropel las palabras y respiró satisfecho.

La escena tuvo lugar hace pocas semanas en la isla africana de Bioko, concretamente en la ciudad de Malabo, situada a los pies del pico Basilé, que desde sus más de tres mil metros preside majestuoso esa hermosa isla.

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Casi sesenta años antes, en marzo de 1959, en Madrid, la joven Trinidad de la Santa Madre Iglesia, bajo la acción desapercibida pero singularísima de Dios en su alma, exclamaba:

«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios, dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina».

Y años más tarde:

«La Obra de la Iglesia… viene para todos, y para poner al día, en el calor de la infinita Sabiduría, la presentación cálida y viva de nuestro dogma riquísimo. Viene a dar la teología calentita, caldeada en el amor, mostrando el rostro centelleante de Dios, que se manifiesta en la faz esplendorosa del Cristo Grande de todos los tiempos».

Precisamente eso había ocurrido en el alma de aquel joven ecuatoguineano: Una luz potente y clara; la presentación sencilla de los misterios de la fe en sabiduría amorosa; una presentación saboreable y “calentita” del dogma de nuestra Iglesia santa… Una luz que se había “colado” en su alma y le había hecho percibir un pequeño destello del misterio de la vida trinitaria de su Padre Dios.014-1

El señor Arzobispo de Malabo había descubierto años atrás el regalo que para toda la Iglesia Dios ha puesto en el alma de la Madre Trinidad. Y quiso organizar, al inicio del año pastoral en su Diócesis, lo que él mismo denominó “un desembarco” de La Obra de la Iglesia en la Archidiócesis de Malabo, para hacer llegar a todos los que fuera posible ese don de Dios.

Durante quince densos y apretados días, un grupo de nueve miembros consagrados de La Obra de la Iglesia, sacerdotes y hombres y mujeres seglares, pudo llegar a todo tipo de personas: sacerdotes, religiosos y religiosas, niños, jóvenes, adultos, solteros, casados… tratando de ayudar a todos a descubrir más profundamente y a saborear, a través de las charlas, vídeos y escritos de la Madre Trinidad, la riqueza y la alegría de ser Iglesia. Y el pueblo de Malabo, gente acogedora, abierta y sencilla, respondió con entusiasmo. Aquella parcela de la Iglesia en África, la única donde se habla la misma lengua de la fundadora de La Obra de la Iglesia, pudo oír su mensaje directamente, sin traducciones, acogiendo el don de Dios con gran abertura y agradecimiento.
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Resultaba emocionante ver a aquellos hermanos nuestros tan asediados en las últimas décadas por multitud de sectas y grupos protestantes afincados en la isla que buscan confundirles, que pedían a La Obra de la Iglesia la luz, la orientación, la doctrina, el consejo que necesitan para poder resistir y defenderse de la avalancha de ideas falsas que se les presentan, tratando de apartarles del verdadero rebaño de Cristo.

Y ante el dolor y la tristeza de ver a los que difunden allí el error y la separación – la mayoría de ellos hijos de la Iglesia en el pasado – venía a la mente también el clamor de la Madre Trinidad por aquellos mismos días de marzo de 1959:

«Hay que presentar a la Iglesia con toda su hermosura, viviendo la vida de la Trinidad, de Cristo y de María mediante una gran caridad, para que vengan todos los hijos separados que se fueron del seno de esta Santa Madre, porque nosotros, los que somos Iglesia, no se la presentamos en toda su belleza».

005-1Caminos sencillos pero trascendentales de renovación: Presentar a la Iglesia en toda su belleza y esplendor; vivir y hacer vivir a todos en sabiduría y amor la vida de nuestro Padre Dios, que mora en la Iglesia precisamente para hacer participar a todos de su vida; presentar y hacer gustar a las almas la grandeza de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia; hacerles descubrir la presencia amorosa de Jesús en la Eucaristía, que les espera incansable por amor… Esa fue la ilusión y el empeño comunes del Sr. Arzobispo de Malabo y de La Obra de la Iglesia en tantas actividades desarrolladas durante esos días: retiros, encuentros, visitas, celebraciones… una verdadera Misión en la capital de ese hermoso país centroafricano que es Guinea Ecuatorial.

Allí queda un nutrido grupo de almas a la espera de nuevas visitas de La Obra de la Iglesia para poder seguir recibiendo ese alimento espiritual: la canción de «el Eco de la Iglesia» – esto hizo el Señor de la Madre Trinidad desde aquel marzo de 1959- a través de su descendencia, llamada a ayudar al Papa y a los Obispos a hacer, durante todos los tiempos, y por todos los rincones de la tierra, la Obra esencial que Cristo les encomendó.