La intimidad de amor entre Dios y el alma no conoce límites. El Altísimo, que vive en su misterio inaccesible de luz infinita, quiere entrar en comunicación con nosotros y se hace Hombre. Y busca hacer confidentes de su secreto amoroso a todas las almas.

La vida del espíritu es el permanente enamoramiento de Dios por el alma y del alma por Dios. Y es el modelo perfecto al cual debe tender cualquier enamoramiento humano.

Tu petición en mi pecho

He sabido que nos buscas jadeante, y que quieres confidentes que descansen a tu alma siempre amante, repletada en amores encendidos. […]

Hoy he visto, en un momento de romances amorosos, algo dulce y doloroso que a mi corazón ha herido: ¡Está solo el Dueño amado de mi espíritu afligido…!;
¡oprimido con urgencias de nostalgias y en melancólico olvido de aquellos que Él tanto ama y que fueron elegidos para ser sus confidentes y enviarlos a mostrarle por los siglos…!;
¡esperando sin cansarse, por si un día, al acordarse, le escucharan, y supieran los amores tan divinos que le abrasan sus entrañas hacia el pueblo consagrado, por los celos contenidos del Amor de los amores, que llama sin ser oído…!

Tú me has dicho, Esposo amado, sin palabras y sin ruido, en el modo tan secreto que Tú tienes para entrar por los sentidos de mi alma: ¡Que consuele tus penares…!, ¡que te ame con los míos…!, ¡que te escuche en tus silencios de nostalgias reprimidos…! Pues deseas descubrirme los arcanos de la hondura de tu pecho taladrado, que, de tanto amor herido, ¡de penares ha sangrado…!

Y que entre en tu secreto; que Tú quieres, con las notas silenciadas de un teclear de misterio, descubrirme cuanto encierras en tu corazón abierto, por si alguien quiere entrar para gustar tus encierros…

Mas, si quedas en silencio, Dueño amado, Jesús mío, ¡no es por falta de palabras ni deseos de decirte a los pobres, pequeñuelos y sencillos!; ¡es porque andan distraídos sin saber captar tu anhelo, y «así» hacerte descansar reposando en horas largas, hechos uno allí en tu seno!
[…]

¡Cuánto, en nada, he penetrado…!

Y digo: «en nada he sabido», porque el tiempo no contaba cuando, en un solo segundo, tu misterio he comprendido:
¿Que Tú me pides consuelo…? ¿Que repare los olvidos de aquellos que no te aman, y que aperciba el gemido de tu alma lacerada, apoyada «así» en tu pecho, hecha una con mis hijos…? […]

¡Si yo pudiera expresar lo que hoy he comprendido, al ver tus ojos sagrados buscando en la lejanía a tus ungidos, aguardando confidentes que recojan tus quejidos…! […]

¡Me hiciste tu confidente, receptor por Ti escogido, contención de tus misterios, de modo que, en mis esperas, Tú te me das a mi estilo, contándome cuanto encierras en petición de cariño…! […]

¡Cuánto supe en un instante junto a Ti, Jesús querido…!: ¡Supe que mi Dios lloraba por el gemir de su Ungido!

“He sabido que nos buscas jadeante
y que quieres confidentes”

Capilla de la casa de La Obra de la Iglesia en Navalperal de Pinares (Ávila)

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:“TU PETICIÓN EN MI PECHO”(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opús. nº 10)

  Nota.- Para descargar el tema completo  pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “Acompañar a Jesús en la Eucaristía y vivir con Dios en el alma”, que fue grabado el 11 de marzo de 1995 (pulse la tecla PLAY):

Señor, los que te consuelan en medio de tu desolación son los que sólo buscan consolarte a ti aun a costa de su crucifixión. (28-11-59)

Porque pido amor puro de inmolación y olvido de sí, me vi solo, y «busqué quien me consolara y no lo hallé». (28-11-59)

El que ama sabe esperar que Jesús repose dormido en su alma; pero el que no sabe de amor, al primer sueño del Esposo, huye a buscar otros amores que no duerman.
(20-3-62)