Los sacramentos de la Iniciación cristiana (el Bautismo, con la Penitencia para revivir la gracia bautismal, la Confirmación y la Eucaristía) constituyen el gran don que nos hace hijos de Dios, partícipes de la vida divina y herederos de su gloria.

Leyendo estos textos el alma se llena de gozo, de seguridad, de vida profunda, en la cual todos nos identificamos.

“Cristo llenó a la Iglesia de sus poderes divinos
por medio de los sacramentos”

Yo tengo fe… Y por eso creo firmemente que Cristo llenó a la Iglesia de sus poderes divinos por medio de los Sacramentos; mediante los cuales, el hombre es capaz de levantarse a sí mismo y levantar, por los méritos de la Sangre redentora del Divino Crucificado, a los hombres caídos, injertándolos por el Sacramento del Bautismo, como los sarmientos en la vid, en Cristo, y por Él, con Él y en Él, con el Padre y el Espíritu Santo. […]

Yo tengo fe, y por ello creo que, por medio de mi Bautismo, soy hija de la Santa Madre Iglesia, la Nueva Sión, y, hecha una con mis Obispos queridos y bajo la Sede de Pedro, en ella, por Cristo, con Él y en Él, soy hija de Dios, partícipe de la vida divina y heredera de su gloria.

«Es la Iglesia –escribía el 13 de septiembre de 1963– la que, mediante el Bautismo, llena la capacidad que Dios puso en ti para ser hijo suyo. Es el Bautismo la puerta que te introduce en el seno de tu Padre Dios y te hace partícipe de la Familia Divina, mediante la unción de la Divinidad, que, al caer sobre ti, te hace tener un sacerdocio místico, recibido del Sumo y Eterno Sacerdote, y que, por tu filiación divina, has de vivir en su máxima perfección.

      ¡Si supieras, […] el gran misterio que la Divinidad te comunica el día en que, por medio de la Iglesia, pasas a ser hijo de Dios y heredero de su gloria…! La Trinidad eterna, en su virginidad oculta y misteriosa, se derrama hacia ti, de forma que las tres divinas Personas, morando en tu interior, son el Eterno Viviente en tu alma pequeñina de cristiano». […]

«No hay vocación como tu vocación, no hay llamamiento como el tuyo, no hay predilección tan grande como la que el Eterno tuvo contigo el día en que, por medio de tu Iglesia Católica, Apostólica y bajo la Sede de Pedro, te hizo hijo suyo y te incorporó en el gran misterio del Cristo Total».[…]

«Todos los dones que el Señor derrame durante toda tu vida sobre tu alma son secundarios, consecuencia de éste y con relación a él. Es éste el que te hizo hijo del Infinito, el que te encajó en el plan divino; ya que, desencajado por el pecado original, no podías entrar en la región de los hijos de Dios. […]

Yo tengo fe viva, y por eso creo que la Santa Madre Iglesia ha recibido el poder, dado por Cristo, a través de sus sacerdotes y ministros, de lavar y perdonar los pecados por la Sangre del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Poderes que corresponden intrínsecamente sólo a Dios. […]

Poderes que Jesús, siendo Dios mismo por su persona divina, donó a su Iglesia, depositándolos en ella en y por medio de los Apóstoles, y dándoselos, por ellos, a sus Sucesores durante todos los tiempos.

       …“Como el Padre me ha enviado, así también os envío Yo”.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos” […]

Porque el alma que por medio del Bautismo ha quedado como un espejo sin mancilla, al ofender a Dios y rebelarse contra Él por el pecado, oponiéndose a su voluntad infinita, en vez de la imagen de Dios que tenía grabada en sí como a fuego, al desaparecer de ella el infinito Creador, quedó oscurecida, manchada y tan desfigurada, que es como un monstruo completamente deforme y abominable, de manera que, si contempláramos a un alma en pecado mortal, moriríamos de espanto.

Pero el poder que Cristo ha dado a su Iglesia por medio de sus Apóstoles y por la Unción sagrada del sacerdote del Nuevo Testamento es tan grande y sublime, que, por el Sacramento de la Penitencia, éste expulsa del alma al diablo, que ha entrado a tomar posesión de ella; dejándola más limpia que el jaspe y más luminosa que el sol; apareciendo de nuevo, en el resplandor del espejo de su espíritu, el mismo Dios que, morando en ella, la hace ser nuevamente templo vivo de Dios y morada del Altísimo.

Yo tengo fe inquebrantable. Y por ello, cuando voy a buscar en el Sacramento de la Penitencia –y lo recibo– limpiar y purificar mi alma de todo aquello que haya podido disgustar a Dios o que no esté completamente conforme con lo que Él me exige, según su divina voluntad sobre mí; ante las palabras del sacerdote: «Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», experimento que esas palabras son pronunciadas por Jesús sobre mi pobrecita alma, arrepentida de haber ofendido a Dios, y obran lo que dicen, por medio de los poderes que Cristo ha dado al sacerdote del Nuevo Testamento, al ejercer su ministerio sacerdotal.

Por lo que mi espíritu se llena de paz y gozo del Espíritu Santo; y vigorosamente me siento purificada y renovada, con un nuevo impulso para comenzar de nuevo y seguir buscando la voluntad de Dios en todo y siempre, para poderla cumplir lo más perfectamente que esté a mi alcance.

Y de tal forma es esto, que me experimento como una criatura nueva que, bajo la luz del Sacramento, hasta me parece que esta tierra es más hermosa por la brillantez de su luminosa claridad, y que todo es más brillante; impulsándome todo esto con una nueva fuerza de lo Alto en mi búsqueda incansable e insaciable de dar gloria a Dios y vida a las almas.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Yo tengo fe”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 17

 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Yo tengo fe”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “DIOS SE ME DA POR CRISTO, MARÍA Y LA IGLESIA”, que fue grabado el 2 de febrero de 1989 (pulse la tecla PLAY):

La Iglesia nunca se equivoca, cuando habla como Iglesia, porque es el Verbo el que canta por ella. El Verbo pregona la verdad infinita del Padre, a través de la Iglesia mía, durante todos los tiempos. (20-3-59)
La Liturgia es la proclamación, en cántico amoroso, del habla de Dios a los hombres, y la respuesta de la Iglesia a Dios. (1-2-64)
En la Eucaristía se resume y se nos da toda la vida de Cristo: comunicación trinitaria, encarnación, nacimiento, vida, muerte, resurrección, ascensión y última venida; y no sólo eso, sino, misteriosamente, el compendio del Cristo Universal que encierra en sí a los hombres de todos los tiempos. (9-1-67)