El cansancio de la vida, las penas de nuestro existir, la insatisfacción por no encontrar lo que necesitamos hacen exclamar al alma: ¡Yo quiero al Ser…!, y esto, no para apartarnos de los hombres, sino para encontrar a Dios.

La vida sin poseer a Dios es una angustiosa tortura, sofocada a duras penas por todo lo que no es Él, llevando adelante una existencia anestesiada.

 

“¡Sólo quiero a Dios, sin más…!”

 

¡Yo quiero al Ser…! ¡Sólo quiero a Dios, sin más…, porque todo lo que no es Él, hondamente me tortura…!

Yo necesito meterme en la hondura profunda del Eterno Afluente, donde, en borbotones de ser, irrumpe la Catarata inagotable de la infinita Sabiduría… […]

Estoy cansada de la tierra con sus criaturas, con sus conceptos, con su vacío de Dios, con la incomprensión que encierra en sí como consecuencia del pecado, por lo que el entendimiento mutuo entre los hombres y yo se hace tan dificultoso… […]

Me siento taladrada por el secreto del silencio, por la incomprensión de los que junto a mí caminan vertiginosamente, muchos tal vez sin saberlo, hacia el término de esta vida; la cual, por el encajamiento en la voluntad de Dios, nos conduce al gozo dichosísimo de la Eternidad, o, en nuestra descabellada carrera, puede llevarnos a perderlo para siempre tras el Abismo por nuestro desencajamiento en los planes del que Es, que nos creó con capacidades inmensas de felicidad para saciarlas en la posesión de su gozo infinito, en la intimidad hogareña de su Familia Divina… […]

Mi espíritu sediento gime por la vida del Eterno Viviente, en la comprensión libre de su entendimiento, sin conceptos de acá, sin palabras creadas para expresarle. Yo quiero amarle con el Espíritu Santo, pero no entre sombras, sino en la luz luminosa de sus infinitas pupilas…

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia. 1969

[…] Me tortura el no saber expresar mis sentimientos…, el tenerme que valer de frases y conceptos que no descifran cuanto necesito decir… ¡Yo quiero al Ser…! ¡al Ser…! ¡Y le quiero ya…! Y por eso, al no poderle poseer como es y donde es, en la luz infinita de su coeterna claridad, le busco insaciablemente junto a «las Puertas de la Eternidad», en mi sagrario, en espera jadeante de que se me abran sus Portones suntuosos para siempre…, ¡para siempre…!

Cada instante de mi vida es un clamor más torturante de Eternidad, una anchurosidad más profunda, y una petición más honda en necesidad de ¡sólo Dios en lo que es, sin más cosas que Él…!

Yo quiero al que se Es de por sí cuanto se es en el señorío infinito de su eterna subsistencia…, en la conversación eterna de su Explicación cantora…, en el abrazo consustancial paterno-filial en rompiente de Amor personal y espiritualmente amoroso… […]

Yo necesito a Dios ya, ¡sin más esperas…! Pues fui creada para la Vida y sólo en ella sé vivir… ¡No encuentro la manera de vivir sin la Vida en la muerte del destierro!; pues mi peregrinar en la tierra no es más que un ir muriendo cada día a todo lo de acá, remontando el vuelo hacia el Inmenso Ser…

Me hieren los ruidos de este suelo…, sus carcajadas burlonas…, el tropel de su vertiginosa carrera sin saber dónde van… Me victima profundamente la hipocresía de los corazones insinceros…, la mofa del triunfo de los soberbios y el aparente fracaso de Dios entre los hombres…

¡Yo busco al Ser…! Y en el único lugar que más le encuentro es en el ocultamiento sencillo del sagrario. […]

Yo no deseo ir al Cielo para apartarme de los hombres, sino para encontrar a Dios, pues sólo para Él fui creada ¡y para nada más…! Todo lo que no sea eso, es consecuencia. Y yo necesito la posesión total del Ser en su seerse cuanto se es para Él… […]

Mi vida es una carrera vertiginosa hacia el Eterno, y, en su caminar penoso, va cayendo desplomada en su siempre levantarse con una nueva y más profunda tortura en clamores jadeantes del que se Es.

El Ser me llama a Él, y yo corro a su encuentro en la búsqueda insaciable de mi saturación…
¡Yo quiero al Ser en lo que es, sin más que a Él…!

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito:  “¡YO QUIERO AL SER…!”. 
 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 9)

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “La creación”, que fue grabado el 18 de agosto de 1988 (pulse la tecla PLAY):

Mañana ¡no más! con Dios para siempre… ¡Qué dulce encuentro…! Y «allí», mirándole en su Vista, cantándole en su Boca y amándole en su Fuego… ¡Se acabó el tiempo y llegó el fin, comenzó la Eternidad…! Cara a cara con Dios, adorando al Ser en su ser y en sus personas, por ser quien es y como lo es; en un acto de amor puro que se goza en el gozo esencial de Dios, ¡para siempre…! ¡Y esto será mañana! (9-7-75)
Mi silencio es vida, es preludio de Eternidad, es teclear de concierto, suavidad de misterio, pérdida de acá y saboreo en llenura del más allá. (18-8-73)
¡Me abraso en ansias del Ser…! Le veré tal cual es, ¡mañana…! Cada día que pasa, es un día menos para el encuentro definitivo. (15-2-76)