La Iglesia tiene la necesidad de vivir “cantando” y comunicando la fe en sabiduría y amor. Y quiere que se ponga la teología al alcance de todos. La verdadera teología -lo dice la experiencia secular- se hace partiendo de la Trinidad y de la Encarnación, con el alma “apoyada”, como San Juan en la Última Cena, en el pecho de Cristo.

Por eso es muy hermoso y confortante ver cómo la Madre Trinidad, mujer sencilla del Pueblo de Dios, conjuga su misión de testigo, de profeta, de teóloga, de ¡Eco de la Iglesia!, dando con sencillez, precisión y vida lo que a su vez ella ha recibido en plena luz para comunicarlo al Pueblo de Dios.

¡Qué fuertemente se ha afianzado mi fe,
al saber que Dios se es…!

Yo tengo fe… Y creo en el único Dios verdadero, el que se es en sí, por sí y para sí su misma subsistencia eterna y suficiencia infinita; y en su unigénito Hijo Jesucristo, su enviado, el Ungido de Yahvé, el esperado de las naciones, el prometido a nuestros santos Padres y el ansiado por los Profetas; «Dios de Dios, Luz de Luz», de la misma sustancia y naturaleza del Padre y del Espíritu Santo. […]

Yo tengo fe… Y «creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria».

Un solo Dios y tres personas, iguales en su ser y distintas en sus personas.

Y mi vida de fe, llena de esperanza y encendida en el amor, me hace conocer, penetrar y saborear esta inefable, maravillosa y trascendente realidad, principio y fundamento de esa misma fe que poseo, y luz que esclarece todos los misterios que ella contiene, y que a mí me han sido manifestados en sabiduría amorosa, especialmente desde el 18 de marzo de 1959, para que los comunique, con el mandato de: «¡Vete y dilo…!»; «¡Esto es para todos…!».

«Yo sé que Dios se es –escribía el 23 de enero de 1960–. Y lo sé, sin saber, en su eterno entender; aunque lo que yo sé, Dios es, por haberme metido en su mismo saber, y en su entender lo sé. Y aunque lo que yo sé, Dios es, infinitamente me quedo sin saber lo que Dios es, en su serse ser; pero, sólo saber que mi Dios se es, me deja enamorada de amor por El que Es…

¡Y qué fuertemente se ha afianzado mi fe al saber que Dios es…!, porque ésta es la raíz de nuestra fe: el saber que Dios se es y cómo se lo es y el por qué se lo es.

Y si yo conozco los dogmas sin saber que Dios se es, y que Dios tiene su ser en sí mismo, todo se tambalea, porque la razón de mi fe está en que Dios se es».

«Si mi Dios no se fuera, nada sería, porque en Él y por Él, por su ser, “en el Verbo fueron hechas todas las cosas”, por y bajo el impulso del Espíritu Santo».

Dios mismo, por un plan de su infinita voluntad sobre mí, innumerables veces me ha llevado a su seno, por ser Iglesia católica, apostólica y cimentada bajo la Sede de Pedro, para que saliera cantando a todos, en mi misión de Eco de la Iglesia, la riqueza esencial de nuestra vida de fe, recibida de esta Santa Madre.

Por eso el día 6 de abril de 1959, como en tantos otros días de aquel mes, y del mes anterior y otros meses consecutivos, ante la contemplación de su misterio, con fuerza irresistible me hacía exclamar:

«El ser de Dios…, ese terrible ser de Dios, tan infinito y terrible, en una majestad soberana, en una terribilidad terrible, en una inmensidad aplastante…; ese ser ¡tan infinito y terrible!, es por esencia paz…, quietud…, silencio… ¡Toda la eternidad en un silencio inalterable…, en una quietud incomprensible para nosotros…!

Toda la vida de Dios es un acto; ¡un acto de ser infinito, fecundo!; y tan infinitamente fecundo e infinito, que el Padre se contempla en un silencio silenciosamente terrible… Y el Verbo, que es la Canción jubilosa y amorosa del infinito Ser, sale, sin salir, del seno del Padre, y le canta, en un grito de ser, todo el ser terrible, inmenso y fecundo, en una sola y silenciosa Palabra: una sola y amorosa Palabra que es todo el ser en Expresión… Sí, una sola y silenciosa Palabra, una sola y amorosa Palabra, una sola e inexplicable Palabra… Inexplicable para nosotros, pero para Dios explica sin ningún ruido y en un acto todo el ser infinito y acabado del Padre… Es la Expresión adecuada que expresa, en expresión perfecta e infinita, todo el ser sin principio y sin fin.

Este Padre tan fecundo, tan silencioso, tan amoroso, que se contempla en una contemplación interminable e inempezable, se dice en un solo acto todo su ser inacabable, en una sola Palabra que se le sale de tanto ser fecundo… Y esa Palabra es el Verbo, única Expresión adecuada de Dios en su ser y en sus personas.

El Espíritu Santo tiene que proceder del Padre y del Verbo, porque no hay nada en Dios Padre que no lo haya en Dios Hijo; y el Espíritu Santo es el Amor personal que, reventando en un amor silencioso del seno del Padre y del Verbo, se le sale al Padre como ser amoroso amando al Verbo, y al Verbo como ser amoroso amando al Padre… El Espíritu Santo es el Amor que, reventando, se les sale al Padre y al Verbo en Persona-Amor. […]

«¡Y qué gozo…! ¡Y qué alegría…! ¡Cómo lo veo…! ¡Qué gozo tiene Dios por serse Él en sí mismo Canción de júbilo eterno…! ¡Qué gozo tiene mi alma de ver a Dios como es…! ¡Qué gozo…!
[…] Y el conocimiento que me da mi fe, esclarecida por los frutos, dones y carismas que el Espíritu Santo ha donado a su Iglesia, me lleva a participar de la misma vida de Dios; pudiendo llamar al Dios tres veces Santo, al Dios altísimo e inaccesible de infinita majestad: «mi Padre Dios», que arde en necesidad de introducir a sus hijos en su seno de Padre, como Él mismo lo imprimía a fuego en mi alma y yo expresaba como podía, con mis pobres y limitadas expresiones, el día 25 de marzo de aquel año 1959:

«Dios quiere ser conocido y amado por sus hijos… ¡Dios quiere que entremos en su seno, para que conozcamos el ser amoroso y calentito de nuestro Padre Dios…!».

«Dios es terriblemente infinito… Dios es un fuego cariñoso que es paternidad infinita. ¡Que Dios es Padre que quiere coger a todas las almas y meterlas en su seno…! Y para esto el Verbo se hizo Hombre: para cantarnos su Canción y darnos el amor infinito que arde en el seno de la Trinidad…

Que cuando hablo de la Trinidad necesito decir a todos que Dios no es un Dios estático, de piedra; Dios se es la Vida reventando en ser, en perfecciones, en riquezas, en belleza, en actividad familiar de Hogar hogareño e infinito, en infinitud infinita de alegría eterna…, en…, en…

[…] ¡Qué grande es Dios…!, ¡qué jubiloso…!, ¡qué Padre…!, ¡qué amor…!, ¡qué concierto de armonías cantado por el Verbo en su sola y eterna Voz en expresión de fecundidad…!

Todos tenemos que ser palabra con Cristo que cante su Canción eterna, porque somos Iglesia… Mi vocación, dentro del seno de esta Santa Madre, es meter a todos los hijos de Dios en el seno calentito de nuestra Familia Divina… ¡Qué reventón de perfecciones infinitas son mis Tres…! ¡Qué terrible es Dios en plenitud de vida…! ¡Que yo lo veo!, y no lo puedo decir… Pero mi gozo está en saberlo así de rico a mi Padre, aunque yo no le posea en su Luz gozosa…».

«¡Dios mío, que yo necesito cantarte…, cantarte…, cantarte hasta que me muera de tanto quererte cantar sin saber…! Me muero porque necesito cantarte a todas las almas… ¡Cantarte…, cantarte sin parar…!
¡Que todos sepan que Dios es amor! ¡Que Dios es amor…! ¡Que Dios es amor…! ¡Amor infinito…! ¡¡¡Que Dios es amor!!!». […]

«¡¡¡Que todos se enteren que Dios es amor!!! Amor que se abrasa en deseos de comunicarse a las almas… ¡Que Dios es amor infinito…! ¡¡Que vengan todas las almas al regazo calentito del Padre-Amor!!».

«¡Que nadie se asuste de Dios…! ¡Que nadie tiemble de un Dios que ha muerto en la cruz por amor…! ¡Que se acerquen al seno calentito del Padre…! ¡Que vayan a la fuente de la Vida, que está en la Eucaristía…! ¡Que vayan las almas y coman al Verbo hecho carne!, que si comen al Verbo Encarnado, hecho Pan por amor, vivirán de la vida eterna en el seno de Dios… Porque donde está el Verbo, está el Padre y el Espíritu Santo. Y en nuestro seno pequeñito y en nuestro ser pequeñito, en el interior de nuestra alma, está Dios, si estamos en gracia…» […]

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Yo tengo fe”.
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opusc. 17

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Yo tengo fe”.

Fragmento del vídeo de la Madre Trinidad titulado “El amor puro en el Cielo”, que fue grabado el 11 de Julio de 1992 (pulse la tecla PLAY):

El gozo de mi vida está en que Dios es mi Padre y en vivir de fe, esperanza y caridad; fuera de esto, nada me puede llenar.
(21-2-67)
Cuando la noche es más oscura, mi fe se hace más firme, con la esperanza del que ama, sin buscar más cosas que amar al Amor por lo que Él en sí es. (7-8-73)
La fe es la antesala de la gloria; el que la vive, paladea y saborea la dulzura de la cercanía de la Eternidad. (14-10-74)